Queridos feonautas:
Estoy muy preocupada por mi jefe. Durante los últimos días se ha visto tan solo y desesperado que ha transformado su orgullo (es inmenso orgullo que daría para que se celebrara un desfile) en rabia contra todo y contra todos. Ha perdido la confianza en los demás y ahora quiere hacérselo pagar al mundo entero, incluso a mí, castigándome con su indiferencia, cuando no es con su desprecio. Los consejos que antes aceptaba con una resplandeciente sonrisa ahora son reprobados acompañados de miradas de suficiencia. Ya no me quiere como confidente, ayudante o mano derecha. Ahora solo soy una secretaria. Y lo peor de todo es que se ha vuelto un cínico. Siempre me ha parecido que el cinismo es propio de gente amargada, incapaz de sentir, de gente que esconde sus frustraciones y su dolor detrás de una máscara. Aún arriesgándome a que me juzgueis como a una boba que no debería consentir ese trato, os diré, feonautas que no creo creo que el no sea el culpable. El culpable es ese asqueroso ser nacido en las alcantarillas del infierno que se llama Diego de la Vega. Puede que el Señor Acelga no haya conseguido quitarle la dirección de la revista a Don Alvaro, pero es posible que haya logrado transformar su corazón en un currusco de pan duro y seco; agrio, como la leche que se queda fuera de la nevera en una noche de agosto con cuarenta y cinco grados de temperatura. Puede que la victoria del Señor Acelga sea invisible y subterránea.
Y cuanto más intento arreglar las cosas, más lejos estamos. He cometido una nueva metedura de pata, le he dicho a Don Francisco que fue su señora esposa quién le entregó el cheque del millon de euros a Don Alvaro. ¿Por qué no aceptaría la oferta del monasterio de las clarisas para integrarme en su orden con el voto de silencio?. Ese desliz, no intencionado, ha provocado una nueva bronca de mi jefe, y esta vez, feonautas, ha sido tan duro conmigo que se me han estado a punto de saltar las lágrimas. Ni confía en mí, ni formamos un equipo, ni tenemos la complicidad de antes. A pesar de todo, no creo que me merezca un trato así. Hasta mañana, feonautas.
Una fea en sus horas más bajas
De... Yo también soy Bea
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