
Queridos Feonautas:
Si me dieran a elegir entre ser la única acertante del sorteo de los euromillones o que Don Diego de la Vega desapareciera de mi vida, probablemente elegiría... elegiría lo de los euromillones y con el dinero haría que el “Señor Acelga” desapareciese de mi vida... sin dejar rastro, como lo hizo la “Mirinda” y los pastelitos “Bucaneros”, que un día dejaron un hueco en las pastelerías y las cámaras frigoríficas de los bares y nunca más se supo de ellos. De momento, no ha abandonado mi vida definitivamente pero por lo menos Don Diego de la Vega ha sido expulsado del Consejo de Dirección de Bulevar 21. Por fin, volverá al huerto del que nunca debió ser trasplantado. Perdonadme la metáfora hortofrutícula pero es que estoy muy satisfecha de que aunque sólo sea por una vez, el bien haya triunfado sobre el mal. Por fin, el causante de todas mis desgracias, el hombre que quisó meter a mi padre en la cárcel, que me chantajeó, que me ha humillado en público y en privado un montón de veces y que ha tratado de torpedear desde el principio a mi jefe ha tenido su merecido. No puedo negar que la noticia me produce una gran alegría, incluso (y esto me da un poco de vergüenza admitirlo) he brindado con mi jefe y Don Gonzalo. No está bien celebrar el mal ajeno, pero como dice mi jefe “hay que ser un poquito malos de vez en cuando”. Quiza por eso del karma, un segundo después, las burbujas se me han ido por otro lado al mismo tiempo que mi jefe me ponía su brazo sobre mis hombros. No creáis que ha sido un gesto muy romántico, más bien ha sido como un detalle de camaradería, como dos jugadores de fútbol que salen del campo después de haber conseguido una victoria en el terreno de juego. Volvemos a ser un equipo... El mejor equipo del mundo. Y con eso, me conformo. Porque cualquier otra cosa... vamos que él sienta lo mismo que yo siento por él, es imposible. Cuando, vosotros feonautas, me escribís que algún día mi jefe se enamorará de mi, sé que lo hacéis sólo por darme ánimos, porque os caigo bien... pero eso es imposible, el corazón de mi jefe está más lejos de mi que el planeta más alejado de la galaxia más lejana. Hoy lo he escuchado de sus propios labios. Aún está enamorado de la señorita Cayetana, todavía la quiere, es la mujer de su vida y va a luchar para recomponer su relación.
En fin, no debo pensar en mí sino en los problemas que se avecinan... no me refiero a los graves momentos económicos que está atravesando la revista con un embargo por el pago de la deuda con Tamarindo sino a la última metedura de pata de Barbie “Cerebro de Guisante”. Ha jugado con la única cosa que la dirección de una empresa no debe jugar nunca: la cesta de Navidad. Esto termina en motín y si no, al tiempo. Hasta mañana, feonautas.
Una fea
eBdB| Yo también soy Bea
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