Queridos feonautas:

¡El viernes pasado mi jefe me besó¡ ¡¡El hombre del que estoy enamorada hasta la médula y al que amo con todas mis fuerzas, me besó¡¡ ¡¡¡A míííí¡¡¡. Me beso, me beso, me beso...podría repetir esas dos maravillosas palabras un millón de veces sin que se me durmiera la lengua. Esta vez no ha sido un dulce sueño, ni producto de mi imaginación, ese beso que todavía me quema en los labios, realmente existió. Fue un beso lento y cálido...un beso de verdad de la buena. ¿Alguna vez os habéis derretido? Yo sí. Ahora sé lo que siente un helado de fresa sobre una acera un quince de agosto a las tres de la tarde, lo que siente un muñeco de nieve cuando se le caen los ojos-botones y la zanahoria-nariz al suelo mientras el calor invade su frío cuerpo y convierte el hielo en agua, lo que siente un glacial del polo en pleno calentamiento terráqueo. Cuando mi jefe tomó mi cara entre sus manos mirándome muy fijamente y acercó sus labios a los míos fue como si mi voluntad sacara la banderita blanca y pidiera la rendición, como si todas y cada una de las células de mi cuerpo se relajaran al mismo tiempo y gritaran hazme lo que quieras porque soy toda tuya... mi amor. Sentí una maravillosa sensación de mareo, las rodillas se me doblaron como si fueran de plastilina y estuve a punto de desintegrarme o de convertirme en estado gaseoso y ... ¿cómo llegamos hasta ese momento? Es un cúmulo de increíbles casualidades...Gracias a los “duendes” de la redacción acabé en un tiempo record el trabajo castigo que me había impuesto la señorita Cayetana. Después, las chicas del 112 me convencieron de que tenía que cantar en el Karaoke. Yo soy negada para la música, vamos que tengo menos oído musical que una tabla de planchar pero bueno, estábamos de fiesta. Iba dispuesta a cantar “hacia Belén va una burra” pero me toco el himno de las secretarias. Si Mocedades supiera que la letra de esa canción se ajusta tanto a mi relación con mi jefe, que parece que la escribieron inspirados en mi vida: “Secretaria, secretaria la que escribe, escucha y calla... casi esposa, buen soldado, enfermera y un poquito enamorada”. Entonces, me di cuenta que sin quererlo casi le estaba declarando mi amor a mi jefe ante toda la plantilla de Bulevar 21. De la vergüenza que me dio salí corriendo hacia el ascensor sin mirar atrás y cuando las puertas estaban a punto de cerrarse entró él y ... lo demás ya os lo he contado...me besó. Podría repetirlo otro millón de veces. Me besó, me besó, me besó…

Feliz Navidad, feonautas. Mañana os contaré mis aventuras en el pueblo de mi padre. Un abrazo muy fuerte.

Una fea feliz.

eBdB| Diario de una fea