
Queridos feonautas:
Cinco horas y media en autocar hasta llegar al pueblo de Teruel en el que nació mi padre se me pasaron en un segundo. Tuve suerte y en el vídeo del autocar nos pusieron una película de chinos dando patadas y puñetazos a diestro y siniestro. Esas películas le funcionan a mi padre mejor que una jarra de valeriana, se durmió a los diez minutos y no se despertó hasta que llegamos a nuestro destino. Así pude ir durante todo el viaje pensando en mi amado y en el maravilloso beso que me dio sin que nadie me molestara. Feonautas, si por mi fuera aún estaría pegada a sus labios y habría batido el record guinnes de besos - largos pero el destino hizo la gracia de separarnos justo después y a él le mandó a Mallorca y a mi al mundo perdido. Y aquí estoy, en un pueblo recóndito de la provincia de Teruel compartiendo las fiestas con la familia de mi padre a siete grados bajo cero y con nieve hasta las patillas de las gafas. Desde que llegamos no hemos dejado de comer ni de visitar a los parientes y ambas cosas están íntimamente unidas en un pueblo de 100 habitantes (99 para ser exactos porque el tío Ceferino se marchó en octubre en un viaje organizado a Cuba y todavía no ha vuelto...ni creo que lo haga, la verdad) donde todos son de la familia de mi padre. Tías terceras y cuartas, primos y primas segundas y familiares de quinta generación nos han recibido en sus casas con los brazos abiertos y la mesa puesta y platos rebosantes deJamón de Teruel, morcillas fritas, pastelitos de miel, cuchifrito...y así en un desfile interminable de la gastronomía local. Es como si nos hubieran puesto en régimen de engorde. Si no fuera porque sé que no practican el canibalismo diría que somos el plato estrella de la cena de fin de año. En este Vía Crucis particular y cuando la comida me llegaba a la traquea, lo peor de todo era escuchar: “come más hija que para encontrar un marido tienes que estar bien hermosa”... Hermosa no lo seré nunca pero quizá el hombre de mis sueños, mi jefe, me ponga algún día un anillo en el dedo y diga las palabras “si quiero”... Aunque si sigo comiendo así, en lugar de un anillo mi jefe me va a tener que poner una argolla. Hasta mañana, feonautas.
Una fea en régimen de engorde.
eBdB| Diario de una fea
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