
Este actor de 30 años, nacido en Alicante, nos abre su corazón y nos cuenta, desde el que es su hogar en “Yo soy Bea”, cómo fue su infancia en el restaurante de sus padres, Juan y Mari Ángeles, o cómo la baja nota en selectividad le impidió ser veterinario.
-Alejandro, “Yo soy Bea” es todo un fenómeno. Si los lectores de DIEZ MINUTOS decidieron que Ruth Núñez era la mujer del año, ¿tú qué serías? ¿Es cierto que tu vida ha cambiado tanto a raíz de esta serie?
-Creo que, en el fondo, sigo siendo el mismo de siempre. Antes, además de aparecer en algunas series, estaba con mi productora, haciendo cortos y teatro y, aunque la vida me ha dado un giro impresionante, estoy muy tranquilo. ¿Yo el hombre del año? No creo que me merezca ese título.
-¿La tele es un trampolín?
-Evidentemente. Saber que tres millones y medio de personas te ven todos los días es mucho, ¿no? Hay momentos en los que, si lo piensas desde fuera, te da más vértigo. Sin embargo, tengo las cosas claras: quiero hacer las cosas cada vez mejor, ir a más.
¿Cómo se asimila ser una persona anónima y, en unos meses, no poder ni asomarse a la calle?
-¡Es que me llaman don Álvaro! Tiene un punto muy agradable porque te respetan por tu trabajo. Notas el cariño de la gente que se te acerca, ¡los niños son fantásticos! Siento que derrochan ternura y eso me encanta.
-¿Cómo es pasar tantas horas con Ruth Núñez, Bea en la serie, a la que se considera tu pareja?
-Yo nunca he dicho que Ruth sea mi pareja.
-Entonces, ¿“amiga especial”?
-Tampoco. Trabajar con Ruth es fantástico, igual que con otros compañeros a los que quiero. Con Ruth tuve una relación estupenda desde el “casting”. Tenemos el mismo maestro. Ella llega desde atrás, sé dónde está. Ruth y yo nos entendemos mucho y muy bien.
-¿Fuera del escenario también?
-Sí, me entiendo muy bien fuera y dentro del escenario, como con todo el equipo.
-Suscribes aquello de “somos buenos amigos y estoy enamorado de mi profesión”, ¿me equivoco?
-No te equivocas, jamás dije que fuera pareja de Ruth. Estoy muy enamorado de mi profesión y con muchos proyectos.
También junto a Ruth y Roberto Correcher, “Santi” en la serie, preparas la obra “La gata sobre el tejado de zinc caliente”, de Tennesse Williams, ¿cómo va este proyecto?
-Tengo ganas de experimentar y hacer cosas nuevas, porque es una visión totalmente distinta del original. Nos apetece mucho.
-¿Cómo un chico que iba para veterinario e intentó ser bombero acabó siendo actor?
-Lo de veterinario era por estar en contacto con la naturaleza y, justo cuando estaba a punto de conseguir ser bombero, me llamó Antonio Román, mi amigo y actual socio, y empezamos a hacer nuestro primer corto.
-¿Fue difícil empezar de nuevo?
-Cogimos toda la ropa que nos sobraba y la vendimos en un mercadillo. Con lo que conseguimos, produjimos “Es lo que hay”, después “Ropa ajustada”, que ya tiene cinco premios, y, en breve, “De Robo López Project”.
-Hace un momento, has cogido una bandeja y la has girado con mucha habilidad, ¿te lo enseñaron tus padres, que eran hosteleros?
-Claro que sí. Mi padre montó el primer negocio de hostelería cuando yo tenía once años. Yo trabajé detrás de la barra en vacaciones, los fines de semana...
-Parece que lo del bar no te gustaba mucho, ¿qué hiciste luego?
-De todo: descargué camiones, fui repartidor, comercial... De niño era tímido y, cuando me llamaban por mi nombre en el colegio, me ponía rojo. Estar con mis padres me ayudó a abrirme a la gente.
-¿Qué recuerdas de tu infancia?
-Fue feliz y divertida. Sobre todo con Ángel, mi hermano mellizo, ¡cuántas cosas hemos vivido juntos! Hice tantos exámenes por él... Nos cambiábamos, incluso en la mili, aunque allí nos pillaron.
-¿Te ves con hijos?
-Con el tiempo sí, pero ahora mismo no. Quiero viajar a Dinamarca o Rusia para estudiar.
eBdB| Diez minutos
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